sábado, 12 de julio de 2025

De la formación inicial al mundo laboral: nuevos profesionales ante los desafíos de la orientación profesional

 

Tras meses de intenso trabajo, finaliza la formación del alumnado del Máster en Formación del Profesorado, especialidad en Formación y Orientación Laboral (FOL-MAES). Se incorporan al mundo profesional preparados para aportar sus conocimientos y desempeñar un papel clave en la nueva Formación Profesional, concebida como un espacio donde docencia, orientación e innovación se integran para responder a los retos de un mercado laboral en constante transformación.

Esta es la primera promoción que ha cursado los nuevos módulos de la especialidad:

Itinerario personalizado para la empleabilidad.
Digitalización aplicada a los sectores productivos.
Sostenibilidad aplicada a los sectores productivos.

Además de la formación disciplinar, el estudio de los procesos de enseñanza y aprendizaje y la investigación e innovación educativa, su preparación ha profundizado en dos ejes estratégicos: la dualidad en la Formación Profesional y el desarrollo de habilidades para la gestión de la carrera profesional, conforme a marcos internacionales que conciben la orientación como un derecho y un pilar fundamental del trabajo decente.

La formación y orientación laboral articula el tránsito de la formación inicial al trabajo, vinculando las aspiraciones de las personas con las realidades productivas y sociales. Supone formar para el presente y, sobre todo, preparar para aprender, adaptarse y desarrollarse a lo largo de toda la vida. En un contexto marcado por la digitalización, la transición ecológica y la movilidad profesional, el profesorado de FOL desempeña un papel decisivo para dotar al alumnado de competencias, estrategias y visión crítica que permitan construir proyectos profesionales coherentes, sostenibles y socialmente responsables.

En este marco, los nuevos módulos de la especialidad son esenciales para afrontar tanto el acceso inicial al empleo como las posteriores transiciones laborales. Su verdadero potencial está en la posibilidad de interrelacionar sus contenidos: vincular sostenibilidad y digitalización con itinerarios personalizados facilita trabajar las habilidades para la gestión de la carrera profesional (Career Management Skills, CMS) desde una perspectiva crítica, orientada a la autonomía, la justicia social y la capacidad de incidir en la configuración de un trabajo decente y sostenible.

Figura 1. Interacciones Institucionales de la Formación Profesional


Fuente: Elaboración propia 

No obstante, persiste el riesgo de compartimentar y aislar estos módulos y relegarlos a un plano teórico. La regulación estatal no contempla, de forma general, su impartición en modalidad dual, lo que reduce la conexión con entornos productivos reales. Algunas comunidades autónomas, como Andalucía, han abierto esta posibilidad, creando la oportunidad de trasladar también estas materias al ámbito empresarial. Incorporar la riqueza de la dualidad a la formación transversal, incluyendo la formación y orientación profesional, permitiría al alumnado experimentar, en contextos reales de trabajo, cómo estas competencias pueden articular itinerarios profesionales adecuados y alineados con las transiciones ecológica y digital.

No cabe duda de que existen numerosas causas que pueden justificar esta falta de previsión: desde la intención de preservar una formación homogénea en contenidos básicos y fundamentales, como derechos laborales, prevención de riesgos u orientación profesional, hasta el temor a perder control sobre la evaluación en entornos externos, o la inercia de un modelo que reserva los contenidos transversales a los centros educativos y atribuye a las empresas la formación técnica. Sin embargo, esta división se aleja de las recomendaciones de CEDEFOP, OIT u OCDE, que destacan que las habilidades para la gestión de la carrera se desarrollan mejor cuando incluyen experiencias en contextos productivos reales, conectando el aprendizaje con su aplicación práctica. Las mismas consideraciones se pueden efectuar respecto de la digitalización y la sostenibilidad.

A ello se suma otra limitación: los módulos transversales están excluidos de la oferta en grado A, B o C, modalidad disponible para otros módulos técnicos de los ciclos formativos. Esto impide cursarlos de forma independiente para reciclaje o actualización profesional, salvo que se complete un ciclo completo. En consecuencia, esta formación, fundamental para reforzar la empleabilidad y las CMS de la población activa, quedaría relegada a la formación para el empleo, en lugar de integrarse plenamente en la Formación Profesional como parte de una estrategia de aprendizaje permanente. Dicha exclusión, contradictoria con los objetivos de la LOIFP y con las recomendaciones de organismos internacionales, limita de forma significativa las oportunidades de que las personas en activo o en transición adquieran competencias esenciales para afrontar con éxito los cambios del mercado laboral.

La nueva generación de especialistas que surge de este máster se incorpora a un ámbito, el de la Formación Profesional, donde la orientación laboral constituye una institución esencial, con impacto directo en la empleabilidad, las transiciones y la sostenibilidad de los entornos productivos. Su labor será clave para articular itinerarios formativos coherentes, garantizar la adquisición de competencias transversales e impulsar un modelo de orientación alineado con la digitalización, la sostenibilidad y las directrices internacionales en educación y empleo. La integración de experiencia práctica, visión crítica e innovación metodológica les permitirá afrontar con solvencia los cambios del mercado laboral y contribuir, desde su labor docente y orientadora, a la mejora de la normativa y de las políticas públicas en orientación profesional. 



jueves, 12 de junio de 2025

Competencias y principios internacionales para una transición justa I. El papel estratégico de la Formación Profesional

 

La transición ecológica y digital está transformando nuestras economías, los empleos que conocemos y las competencias necesarias para sostener un futuro más justo. Del 3 al 5 de junio, Burdeos fue el epicentro de este debate en el V Congreso Mundial de la Comunidad para la Investigación y el Estudio Laboraly Ocupacional, celebrado bajo el título “Hacia una reconfiguración del derecho social frente a las transformaciones del trabajo”, donde juristas, académicos, responsables de políticas públicas y representantes de organizaciones internacionales reflexionaron sobre cómo reconfigurar el derecho social y las estrategias de formación ante los cambios estructurales que afectan al mundo del trabajo. En este contexto, mi intervención se centró en el análisis de los principios y competencias para una transición justa, así como en el papel que la Formación Profesional debe desempeñar en este proceso.

1. Principios y competencias internacionales para la sostenibilidad

La noción de “transición justa”, tal y como la define la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se refiere al conjunto de políticas que permiten avanzar hacia economías y sociedades ambientalmente sostenibles garantizando el empleo decente, los derechos laborales y la cohesión social. Se trata de asegurar que los costes y beneficios de los cambios productivos se distribuyan de forma equitativa, evitando que determinados grupos de trabajadores, sectores o territorios queden excluidos de sus beneficios. Este enfoque se encuentra reflejado en compromisos internacionales como la Agenda2030 de Naciones Unidas (2015), el Pacto Verde Europeo (2019) y, de forma muy directa, en las Directrices de la OIT para una transición justahacia economías y sociedades ambientalmente sostenibles para todos (2015), que subrayan la necesidad de integrar de manera simultánea sostenibilidad ambiental, justicia social y trabajo decente.

Desde esta perspectiva, se puede afirmar que los múltiples documentos sobre sostenibilidad coinciden en señalar una serie de principios rectores que deberían orientar las políticas públicas: la centralidad del trabajo decente como objetivo de toda estrategia de transformación; la garantía de una protección social adecuada durante el proceso de transición; el recurso al diálogo social tripartito como mecanismo para legitimar y dar eficacia a las medidas; la equidad y la inclusión, con atención prioritaria a colectivos vulnerables como mujeres, jóvenes, personas migrantes o comunidades rurales; y la planificación anticipada para prevenir impactos negativos desproporcionados.


Gráfico 1.       Directrices de política para una transición justa: Marco de acción

Fuente: OIT, 2023

Estos principios se complementan con un conjunto de competencias que, según la OIT, la UNESCO y la Comisión Europea, resultan esenciales para afrontar con éxito este proceso de transformación sostenible. Entre ellas destacan las competencias técnicas necesarias para desempeñar empleos verdes en sectores estratégicos como las energías renovables, la movilidad sostenible, la economía circular, la gestión eficiente de recursos naturales o la rehabilitación energética de edificios; las competencias transversales como el pensamiento crítico, la creatividad, el trabajo en equipo o la capacidad de adaptación; la conciencia ambiental y la responsabilidad social, que incorporan valores de sostenibilidad en las decisiones profesionales y empresariales; y las competencias de participación y ciudadanía, imprescindibles para implicar a la sociedad en los procesos de cambio productivo.

Marcos como el GreenComp, Marco Europeo de Competencias sobre Sostenibilidad, las Directrices para una transición justa de la OIT (2015) y su informe Skillsfor a Greener Future (2019), junto con el marco de Educación para el Desarrollo Sostenible de la UNESCO, ofrecen una base coherente para integrar las competencias verdes en la Formación Profesional y alinearlas con los compromisos internacionales.

2. La Formación Profesional ante los desafíos de la transición ecológica

En este contexto, la Formación Profesional (FP) ocupa una posición estratégica. Su orientación práctica, su estrecha vinculación con los sectores productivos y su capacidad de adaptación a las demandas de cualificación la convierten en un instrumento fundamental para formar a las personas que liderarán esta transformación sostenible. Este potencial abarca tanto la formación inicial como la recualificación y actualización de la población activa, un aspecto esencial para evitar que la transformación ecológica y digital genere desempleo y exclusión social.

Tal como se puso de relieve en el V Congreso Mundial de la Comunidad Cielo, la integración de la sostenibilidad en los currículos favorece la empleabilidad, refuerza la competitividad de las empresas y estimula la innovación tecnológica y social. Además, la recualificación orientada a sectores verdes y a nuevas tecnologías amplía las oportunidades de inserción laboral, fortalece la movilidad profesional y contribuye a la resiliencia ante cambios en los modelos productivos. Siguiendo las recomendaciones de la OIT, este proceso debe planificarse con antelación, anticipando las necesidades de competencias que marcarán el futuro del trabajo, y debe priorizar a los colectivos más vulnerables a la pérdida de empleo para garantizar que la transición sea inclusiva y equitativa, conforme al marco de Educación para el Desarrollo Sostenible de la UNESCO.

La Ley Orgánica 3/2022, de 31 de marzo, de ordenación e integración de la Formación Profesional incorpora avances relevantes en esta línea: impulsa decididamente la formación dual, flexibiliza los mecanismos para actualizar la oferta formativa e introduce de forma explícita competencias verdes y digitales en los itinerarios formativos. Estos elementos responden a las orientaciones marcadas por la OIT en sus Directrices para una transición justa y en el informe Skills for a Greener Future, así como por la UNESCO en el marco de Educación para el Desarrollo Sostenible, donde se subraya que la modernización de los sistemas de FP debe ir acompañada de una actualización constante de contenidos, metodologías y entornos de aprendizaje.

No obstante, el impacto real de estas medidas dependerá de su puesta en práctica, de la coherencia entre las políticas formativas y las estrategias nacionales de sostenibilidad, y de la capacidad de los centros para adaptarse a las nuevas exigencias. Ello exige inversiones sostenidas en infraestructuras, equipamientos y recursos didácticos; la actualización permanente del profesorado; y el establecimiento de redes sólidas de colaboración con empresas, administraciones y agentes sociales, siguiendo el principio de gobernanza tripartita que la OIT considera esencial para que la transición justa sea efectiva. Además, será necesario un sistema de evaluación continua que permita medir el grado de integración de las competencias verdes y digitales, detectar posibles brechas territoriales o sectoriales, y garantizar que la modernización del sistema de Formación Profesional actúe como un factor de inclusión y cohesión social. 

Conclusión

La convergencia entre los principios internacionales de transición justa y la modernización de la FP abre una oportunidad única para articular un modelo productivo más equitativo, inclusivo y respetuoso con el medio ambiente. Esta oportunidad exige, sin embargo, un esfuerzo continuado de análisis, seguimiento y evaluación de las políticas adoptadas. La nueva regulación es un primer paso, pero será necesario analizar en profundidad su desarrollo normativo, su articulación con el resto del sistema educativo y de empleo, y su alineación real con los compromisos internacionales asumidos por España.

La reflexión compartida en el V Congreso de la Comunidad Cielo (Burdeos, 2025), puso de manifiesto que este proceso no puede quedar reducido a una declaración de intenciones ni a reformas fragmentadas. La Formación Profesional, por su capacidad para vincular la innovación tecnológica con la justicia social y la sostenibilidad, puede convertirse en el eje vertebrador de esta transformación, siempre que se base en principios claros, competencias pertinentes y una implementación coherente con los marcos internacionales. Formar para un empleo que sea sostenible, justo y respetuoso con los derechos de todas las personas y con los límites del planeta constituye, más que un objetivo político, una exigencia ineludible para afrontar con garantías las transformaciones del trabajo en el siglo XXI.

 

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Frente a la pobreza y el desempleo: renta mínima garantizada y renta básica ciudadana


Los días 11 y 12 de noviembre se ha celebrado en Bérgamo la Conferencia Internacional "El futuro del Trabajo. Una cuestión de sostenibilidad". Este encuentro, referencia internacional en el análisis de las grandes transformaciones que está experimentado el mundo del trabajo, ha posibilitado que decenas de especialistas hayan puesto en común sus inquietudes y las posibles soluciones. Uno de los temas debatidos, en el que se centró mi intervención y esta entrada, fue el de la renta básica ciudadana, cuestión que lleva planteándose en el ámbito político y filosófico con cierta insistencia desde 1980. Antes de profundizar en el contenido de la aportación, hemos de aclarar que nuestro análisis diferencia, siguiendo a Van Parijs, P., dos conceptos distintos:  

-Renta Básica Ciudadana o Renta Básica Universal, como prestación económica que se otorga por el Estado a la generalidad de los ciudadanos (es, por tanto, una prestación de ciudadanía) con objeto de satisfacer sus necesidades básicas, sin condicionantes, esto es, sin prueba de carencia de rentas, ni ligada a la obligación de realizar actividades de inserción profesional.

-Renta Mínima Garantizada o Prestación de Garantía de Recursos, que constituyen prestaciones no universales condicionadas a la carencia de rentas y que normalmente exigen la participación de los beneficiarios en el mercado de trabajo, al menos de forma esporádica.


Bibliografía Pobreza y Renta Básica, de ecarpri en Flickr CC   
Muchos países europeos cuentan con rentas mínimas garantizadas destinadas a proteger a los ciudadanos y residentes de carácter permanente de la pobreza y exclusión social. De los 15 países que en 1995 conformaban la Unión Europea, sólo Austria, Grecia, España e Italia carecen de una prestación de estas características, aunque en el caso de España existen prestaciones articuladas por las distintas Comunidades Autónomas. En consecuencia, en la mayoría de los países comunitarios, el debate ahora no es si implanta una renta mínima garantizada, ya consolidada, sino una renta básica ciudadana, esto es, una renta básica ciudadana no condicionada. Así, por ejemplo, ha sucedido en Suiza, donde hace pocos meses se ha realizado un referéndum sobre la cuestión (puede consultarse información sobre el tema aquí); Reino Unido, donde se está analizando las distintas posibilidades basándose en el análisis efectuado por REED, H. y LANSLEY, S, Universal Basic Income: an idea whose time has come, COMPASS, 2016); o en Francia, donde la mayoría de los candidatos a las próximas elecciones presidenciales llevan en sus programas políticos propuestas de este tipo.

Dejando al margen los países europeos, el análisis se centrará en el Ordenamiento jurídico español. Haremos un recorrido por los datos estadísticos más recientes, para después enunciar brevemente las prestaciones existentes, valorar sus características y efectividad. Terminaremos este post con una propuesta para articular una Renta Mínima Garantizada en España como paso previo y necesario a la implementación de una Renta Básica Ciudadana.

1. Una mirada a los datos de pobreza y desempleo

De acuerdo, con los datos suministrado por la UE, en particular, por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN).

-En España, 1 de cada 5 personas se encuentra en riesgo de pobreza (el 22,1% de la población residente).

-La pobreza aumenta entre personas desempleadas y jubiladas, aunque también entre los ocupados. El porcentaje de trabajadores en riesgo de pobreza y exclusión social aumenta, llegando en 2015 al 18,1%. El aumento de trabajadores pobres es generalizado y constituye un fenómeno preocupante en Europa y en Estados Unidos, afectando, sobre todo, a mujeres y jóvenes (Informe Oxfam Intermón, Bajan los salarios, crece la desigualdad. El impacto de las diferencias salariales en los hogares). 

Por otro lado, los datos sobre desempleo de la última EPA siguen siendo preocupantes.

-El porcentaje de desempleo es del 18,91%, lo que supone 4.320.800 de españoles en situación legal de desempleo. No obstante, es necesario tener en cuenta que la cifra de desempleados es un 10% superior al no computarse en los datos determinados trabajadores.

-España es el país de la Eurozona con mayor tasa de temporalidad, un 27%, la tasa de paro juvenil alcanza el 46,48% y sigue habiendo 2.154.100 de parados de larga duración, siendo mayoría los que llevan más de dos años en situación de desempleo

No obstante, el dato más preocupante es que el promedio de desempleo desde 1978 es del 15,17 %, habiéndose alcanzado el máximo histórico en 2012, con un 27,2% y el mínimo, en 1978 con el 7%.

Las previsiones dibujan un futuro aun peor como consecuencia de la automatización y la digitalización del trabajo. Frey y Osborne (2013) The future of employment, considera que en EEUU existe un 47% de empleos en alto riesgo de automatización en las próximas dos décadas. Por su parte, Bowles (2014), Bruegel calculations based on Frey Osborne, estima que en la UE el riesgo de automatización es aún mayor: el 54% de los empleos, siendo el Reino de España uno de los más afectados con un 55,3%.

Ante esta situación, es evidente que aumentará la pobreza y la exclusión y que un sistema de protección social basado en el trabajo, aun siendo completamente viable, será insuficiente para proteger a la ciudadanía ante las situaciones de necesidad.

Veamos a continuación cuáles son los instrumentos con los que cuenta el Ordenamiento jurídico español para afrontar la lucha contra la pobreza en un escenario de estas características.

2. Los mecanismos existentes en el ordenamiento jurídico español para luchar contra la pobreza, el desempleo y su valoración

A estos efectos, tenemos que decir que, a nivel estatal, existen varias prestaciones que se dirigen a proteger a determinados colectivos que se encuentran en situación de necesidad por no tener  trabajo o no poder trabajar. Son colectivos muy restringidos:

-   Las personas que han cumplido 65 años y que no han cotizado a la Seguridad Social (o lo han hecho insuficientemente) y los discapacitados en un porcentaje superior al 65 % que carezcan de rentas, esto es, que cuenten con menos de 429 euros mensuales y acumulen un periodo considerable de residencia en territorio español (10 y 5 años, respectivamente). Su situación de vulnerabilidad se protege a través de las prestaciones no contributivas de jubilación e invalidez.

-    Determinados colectivos de desempleados, para los que se diseña un cúmulo importante de prestaciones dirigidas a luchar contra la pobreza generada por el desempleo. En este conjunto de prestaciones podemos encontrar prestaciones ordinarias (contributiva y asistencial) y prestaciones  extraordinarias dirigidas a paliar la situación de colectivos con especiales problemas de acceso al empleo.

Una de las más importante, el subsidio por desempleo (prestación del nivel no contributivo), no protege a todos los trabajadores sino solo a determinados desempleados que se encuentran en graves dificultades para encontrar trabajo (desempleados con responsabilidades familiares, desempleados mayores de 45 años sin responsabilidades familiares y mayores de 55 años, emigrantes retornados y liberados de prisión). Esta prestación se vincula en la mayoría de los supuestos a haber agotado la prestación del nivel no contributivo, por lo que termina vinculándose o condicionándose a la realización de un trabajo previo.

Por otro lado, las prestaciones de carácter extraordinario pretenden hacer frente a la carencia de rentas derivadas de las situación de desempleo de colectivos con especiales dificultades de acceder al mercado de trabajo. Se incide de nuevo sobre los mismos colectivos: desempleados de larga duración mayores de 45 años, desempleados de larga duración con cargas familiares y desempleados con cargas familiares, se otorgan con carácter  temporal y se vinculan a realizar acciones de inserción profesional: Renta Activa de Inserción, PREPARA, Programa de Activación de Empleo (PIA) y Renta Agraria.

Todas ellas, con carácter general, reconocen una prestación económica a los beneficiarios de duración variable, consistente en el 80% del IPREM (426 euros mensuales), están condicionadas a la carencia de rentas (carecer del 75% del SMI: 491 Euros mensuales) y en todos los casos están condicionadas, con una intensidad variable, a que el beneficiario desarrolle actuaciones de inserción profesional.

En cuanto a la valoración, se ha de decir que son 5 prestaciones distintas destinadas a proteger a los trabajadores que carecen de rentas por la falta de empleo, que tienen un índice de cobertura del 58.2 % (datos relativos a agosto de 2016):

Pobreza, de Fito Abalo en Flickr  C
-el 44% de los trabajadores desempleados están cubiertos por las prestaciones ordinarias de desempleo, esto es, prestación de desempleo del nivel contributivo y subsidio de desempleo del nivel asistencial.

-el 14.2 % estarían protegidos por prestaciones de carácter extraordinario.

-el 41.8 % de las personas desempleadas no estarían protegidas por el sistema

Es necesario, en consecuencia, establecer una prestación que proteja a los ciudadanos frente a la pobreza en todo el territorio nacional.  

No obstante, existen otras prestaciones en el ámbito de las CCAA que se dirigen a proteger a los ciudadanos frente a la pobreza. El problema es que estas prestaciones se configuran de forma parecida a las prestaciones estatales que hemos visto y presentan una heterogeneidad tremenda que hace que la protección sea muy desigual según el territorio en el que se resida.     

Los rasgos básicos de los programas de lucha contra la exclusión social son estos:   

a) Constituyen Programas de Asistencia Social, que se desarrollan fundamentalmente a través de los Servicios Sociales y de los Servicios de Empleo. 

b) Todos ellos prevén una prestación económica dirigida a satisfacer las necesidades básicas de las unidades de convivencia (no de los individuos) y medidas de inserción laboral y profesional para luchar contra la pobreza y la exclusión.

c) Las prestaciones económicas se condicionan a la carencia de rentas y, con mayor o menor intensidad, a la realización de actuaciones dirigidas a la inserción social y laboral del beneficiario.

d) Los requisitos son completamente diversos, tanto para la denominación, acceso, como para la duración, cuantía de la prestación, y el grado de vinculación con la participación en Programas de Inserción Profesional o Social. 

En cuanto a la valoración, si atendemos al índice de cobertura, los datos evidencian el fracaso de estas políticas. Así de acuerdo con "El estado de la pobreza. Seguimiento del indicador de riesgo de pobreza y exclusión social en España 2009-2015":     

-En Andalucía: El 43,2 % de la población está en riesgo de pobreza y/o exclusión social en el año 2015. La cifra es casi 15 puntos porcentuales superior a la del conjunto nacional y es la más alta de todas las Comunidades Autónomas. En el último año, el crecimiento de la tasa ha sido de 0,9 puntos porcentuales. Además, en la totalidad del período estudiado la tasa ha crecido 10 puntos porcentuales. 

-En Navarra: El 13 % de la población está en riesgo de pobreza y o exclusión social en el año 2015. La cifra es más de 15 puntos inferior a la del conjunto nacional y es la más baja de todas las comunidades autónomas. En el último año, la tasa se ha reducido en 1,5 puntos y en la totalidad del período estudiado ha crecido en 2,6 puntos porcentuales. 

La conclusión a extraer, evidentemente es que las prestaciones autonómicas son muy diversas y no están cumpliendo adecuadamente su función. Es, por tanto, necesario articular una prestación de garantía de recursos como paso previo a la instauración de una renta básica ciudadana. 


3. La articulación de una Renta de Garantía de Recursos como paso previo y necesario a la implantación de una Renta Básica Ciudadana.

Ante la situación descrita, abogamos por la implantación de una renta de garantía de recursos de ámbito nacional, como paso previo y necesario a la implantación de una renta básica ciudadana.

Con respecto a la naturaleza de una prestación de estas características, esta debe ser configurada como una prestación encuadrada en el régimen no contributivo de la Seguridad Social, por tres razones fundamentalmente: 

a) La primera alude a la necesidad de uniformar el tratamiento y la lucha contra las situaciones de pobreza y exclusión que actualmente perviven en la generalidad del territorio español.

b) La segunda se dirige a evitar "el efecto llamada", circunstancia que aconseja eludir su configuración como una prestación autonómica de asistencia social. Esta naturaleza la configuraría como una prestación de los servicios sociales básicos, a los que tienen acceso completo los extranjeros de terceros Estado, con independencia de su situación administrativa (art. 14.2 y 3 LOEX). 

c) La tercera, debe configurarse como una “prestación especial en metálico no contributiva” incluida en el Anexo X del Reglamento 883/2004.  Esto implicaría:

-La necesidad de totalizar los periodos de residencia en el ámbito de la UE para no incurrir en discriminación por razón de nacionalidad (STJUE de 11 de noviembre de 2014, Caso Elisabeta Dano y Florin Danocontra Jobcenter Leipzig)

-Configurarla como una prestación no exportable, al menos hasta que se generalice en los países de la UE. 

Estos requisitos ponen de manifiesto la necesidad de articular la prestación en el ámbito europeo con objeto de evitar flujos demográficos de unos territorios a otros. De ahí que nuestra propuesta implique una implantación gradual que empiece por articular en el ámbito nacional una prestación de garantía de ingresos para convertirla, en un segundo momento, en una renta básica ciudadana.

Con respecto a los requisitos concretos, hemos de considerar los siguientes:

Bérgamo, Complejo de S. Agostino, de ecarpri en Flickr. CC
-En cuanto a los titulares, es absolutamente necesario que se adopte como beneficiarios los ciudadanos mayores de 18 años, estableciendo un porcentaje adicional por cada hijo a cargo, huyendo por completo de configurar como beneficiario a la unidad de convivencia. 

-En relación a los requisitos de residencia, se ha de partir de una prestación reconocida a la ciudadanía y a los extranjeros con residencia permanente. Los plazos de residencia exigibles podrían ser muy parecidos a los fijados para las prestaciones no contributivas, teniendo en cuenta que es necesario totalizar los periodos de residencia realizados en otros estados de la UE, con objeto de respetar los principios del derecho comunitario. Se podrían manejar periodos de residencia de entre 2 y 10 años, dependiendo de que se trate de una prestación de garantía de recursos o de una prestación de renta básica ciudadana. 

-En cuanto al umbral de pobreza, y en caso de que este se aplique como primer paso para instaurar la renta básica ciudadana,  hemos de tener en cuenta dos conceptos distintos:  el umbral de pobreza relativa y el umbral de pobreza severa. De acuerdo con la EAPN (Red Europea de Lucha Contra la Pobreza y la Exclusión Social): 

  • La pobreza relativa se produce cuando el nivel de ingresos necesarios para satisfacer todas o parte de las necesidades básicas de acuerdo a los criterios de un determinado tiempo y sociedad se sitúan por debajo del 60% de la mediana de los ingresos de la población. El umbral de riesgo de pobreza relativa se fija en España (para el año 2015) en 675 euros mensuales.

  • La pobreza severa se da cuando ciertos estándares mínimos de vida, tales como nutrición, salud y vivienda, no pueden ser alcanzados al contar con un nivel de rentas que se sitúa por debajo del 30% de la mediana de los ingresos de la población. El umbral de riesgo de pobreza severa se ubica en España (para el año 2015) en 332 mensuales.

De acuerdo con estas definiciones, consideramos bastante razonable mantener la cuantía del umbral de pobreza en el 75 % del SMI, esto es, 491 euros mensuales.

-Por lo que hace a la cuantía, esta dependerá del mecanismo de financiación, del tipo de prestación y de los servicios a los que tenga derecho el ciudadano.  

  • Si la prestación es de garantía de ingresos, dirigida exclusivamente a paliar las situaciones de pobreza, la prestación debe tener una cuantía similar al umbral de pobreza que se especifique y que depende de cada territorio.

  • Si se trata de una renta básica ciudadana e incondicionada, la cuantía puede ser moderada aunque, en todo caso, debería dirigirse a paliar las situaciones de pobreza severa, por lo que debe ser superior a los 320 euros mensuales por persona que, como hemos dicho, es el umbral de pobreza severa para 2015.

-Por último, en cuanto a la compatibilidad, la prestación sería incompatible con las prestaciones por hijo a cargo, las prestaciones por desempleo (que serían innecesarias) y con las prestaciones no contributivas de invalidez y jubilación.

Sería, en cambio, compatible con el trabajo y con determinados complementos, por ejemplo, por discapacidad.

4. Conclusiones


El examen de las prestaciones económicas existentes en el ordenamiento jurídico español, tanto las que se integran en el ámbito estatal como las relativas al ámbito autonómico, evidencia una multiplicidad de regulaciones, criterios y requisitos que fracturan ostensiblemente la igualdad que debe caracterizar la lucha contra la situación de pobreza y marginación en una determinada sociedad. A ello se une la baja efectividad de unas medidas que, a base de regular requisitos, especialmente su temporalidad, y de incidir una y otra vez sobre los colectivos con dificultades para encontrar empleo, excluyen de la protección al 41.8% de la población en riesgo de pobreza y marginación.

Ante estas circunstancias, es necesario implementar una prestación económica dirigida a paliar las situaciones pobreza y exclusión, prestación que podría ser no condicionada, enmarcándose, por tanto, en las denominas rentas básicas de ciudadanía, o condicionada al único requisito de carecer de rentas. Por múltiples razones, en las que ahora no vamos a entrar, nos inclinamos por la regulación de una renta no condicionada; no obstante, como paso previo a esa prestación y con objeto de paliar las situaciones más graves de pobreza, sería recomendable un paso intermedio consistente en regular una prestación de garantía de recursos condicionada, pero que se acerque en su configuración a una futura renta básica ciudadana (prestación individual, condicionada únicamente y temporalmente a la carencia de rentas y que no exija contraprestaciones por parte del beneficiario).

La presentación, disponible aquí: